miércoles, 14 de abril de 2010

Metafísica kantiana


¿Quién lo diría? Yo hablando de Kant.
La verdad es que no es nada raro. Quizá lo raro es que voy a hablar de Kant, pero voy a hablar de Kant no de cualquier manera, sino entendiéndole.
Parece que había (y la hay) una cierta tendencia a rechazar a este hombre, escolarmente hablando, porque es muy complicado de entender.
El caso es que, como yo soy de las que hacen fácil lo difícil y díficil lo sencillo, pues he entendido a Kant, no sin problema, pero sí me ha resultado fácil.
El tema es que llevaba varios días sin actualizar, y he pensado que Kant era una buena actualización.
Como siempre digo, no es que la filosofía sea lo mío, pero cuando la entiendo puede llegar a parecerme muy interesante.
Y, para interesante, Kant.
Kant nace en el siglo XVIII, una época de grandes avances, tanto tecnológicos, como sociales, políticos y económicos. Supongo que eso es un factor importante a la hora de plantear su filosofía.
Si en siglos anteriores todo se basaba en plantear el conocimiento desde el punto de vista racional (razón) y empírico (experiencia), Kant intenta buscar una solución al problema del conocimiento sin descartar el racionalismo, pero tampoco el empirismo. De hecho, su verdadera filosofía comienza tras su lectura de mi amigo Hume, aunque por desgracia a Kant no le hace tanta gracia el "emotivismo moral" de Hume como a mí.
El caso es que Kant se plantea tres preguntas: ¿qué puedo conocer? ¿qué debo hacer? y ¿qué me cabe esperar?. A su vez, resume las tres en otra: ¿qué es el hombre?
Estas preguntas son los límites del ser humano, a los cuales responde el método trascendental, mediante el cual la razón se analiza a sí misma para conocer sus límites.
Tampoco voy a entrar en mucho detalle, entre otras cosas porque no me he quedado con todo, pero sí me gustaría hablar sobre el problema de la metafísica, para mí la parte más interesante de su conocimiento.
Cuando conocemos, estamos sometidos a unos límites, que son los fenómenos (lo que aparece) y los noúmenos (lo que es en sí). Es decir, un coche es un fenómeno, pues aparece en nuestra vista cuando lo vemos, pero también es un noúmeno, pues tiene una esencia, una esencia que no puede ser conocida (como si fuera "la idea de coche").
Por otro lado, para que algo sea ciencia, debe poseer un fenómeno.
Y es aquí donde aparece el problema de la metafísica, y a su vez la diferencia entre racionalismo y empirismo.
La metafísica estudia el mundo, el alma y Dios, pero, ¿es la metafísica una ciencia?
No.
¿Nos aparece como fenómeno el mundo, el alma o Dios?
No.
Por tanto, la metafísica no es una ciencia.
Si ponemos como ejemplo a Dios, ¿conocemos a Dios o la idea de Dios? Por supuesto, tenemos la idea de Dios, pero no lo conocemos, y nunca lo conoceremos.
Por tanto, si no se puede conocer, no es ciencia.
Es aquí también donde confluyen racionalismo y empirismo, pues un fenómeno, por decirlo de alguna manera, exige experiencia, conocimiento de él, y por tanto es empírico, y un noúmeno, del cual no tenemos experiencia alguna, es racional, pues nos dejamos llevar por él gracias a la razón.
Y, aunque queda claro que la metafísica no es una ciencia, pues no tenemos experiencia de ella, la razón humana tiende a pensar en ella como tal, pues se interroga por lo desconocido, como, por ejemplo, si el alma o Dios existe.
Este punto es uno de los más interesante, pues es bien cierto que todos nos hacemos esas preguntas, que son inevitables, aunque no demostrables.
Por otro lado, otro de los puntos que más me gusta de la filosofía kantiana es su ética, quizá porque es bastante coherente e interesante.
Kant rompe con todas la éticas anteriores, que tacha de materiales (no sin razón) pues buscan, mediante la moral, un fin último (felicidad, Dios...).
No es el caso de Kant, al menos no del todo.
Kant plantea una ética formal, regida por máximas y leyes propias del ser humano individual. Esa ética debe ser "a priori" (sin experiencia) y autónoma. Además, no nos debe decir lo que tenemos que hacer, sino cómo lo debemos hacer. Me parece un punto bastante importante, quizá equiparable al ejemplo de un niño que tiene que aprender a, por ejemplo, atarse el cordón del zapato, pero nadie le dice cómo hacerlo.
El caso es que Kant quiere que el ser humano se riga por sus propios principios, pues sólo así logrará ser libre. Plantea así el "imperativo categórico", que dice: "Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne el ley universal".
Este imperativo es lo único que permite la libertad.
El ser humano, como fenómeno (ser sensible) está sometido a las leyes de la naturaleza y no posee libertad, pero como noúmeno (mediante su razón) se da a sí mismo su propia ley, se autonomía y posee libertad.

Y esto es todo.
Supongo que explicándolo yo sólo habrá servido para liar a alguien más, pero bueno, a mí me ha servido para repasar y para expresar ideas que no están tan lejanas de la realidad y a las cuales no les falta razón alguna.
Kant me ha gustado. Un hombrecillo que no salió de su pueblo en los más de ochenta años que vivio, y que se convirtió en uno de los filósofos más (si no el más) importante de toda la historia.

Siento el tostón, prometo que la próxima visita será más agradable, pero Kant no podía pasar desapercibido.
Me despido escuchando Nothing else matters de Metallica (me encanta esta canción), hasta que mi tiempo lo permita.

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